Científicos de Stanford y el Arc Institute han utilizado algoritmos generativos para escribir código genético totalmente nuevo. De casi 300 diseños, 16 organismos artificiales han demostrado estar listos para neutralizar bacterias sin afectar a humanos.
La convergencia entre la informática avanzada y la biología molecular ha marcado un nuevo hito. Un equipo científico liderado por profesionales de la Universidad de Stanford y el Arc Institute ha conseguido diseñar genomas completos de bacteriófagos —virus especializados en infectar y destruir bacterias— utilizando los algoritmos genómicos Evo 1 y Evo 2. Este avance demuestra la capacidad de la inteligencia artificial para ir más allá de la simple interpretación del código de la vida y pasar a su redacción directa.
Del procesamiento de lenguaje al diseño genético
El funcionamiento de herramientas como Evo se basa en la misma lógica que los grandes modelos de lenguaje actuales, con la diferencia de que su vocablo no son las palabras, sino los nucleótidos. Al asimilar patrones procedentes de inmensas bases de datos de secuencias genéticas, la herramienta puede generar combinaciones inéditas. Estas estructuras informáticas son posteriormente sintetizadas en el laboratorio para evaluar si dan lugar a entes biológicos totalmente operativos.
Durante los ensayos se sintetizaron químicamente 285 propuestas genómicas. De ese total, 16 diseños (equivalentes a un 5,6% de efectividad) resultaron ser viables fuera de la simulación. Estos especímenes demostraron capacidad de propagación para localizar, infectar y eliminar cepas concretas de la bacteria E. coli, sin representar peligro alguno para seres humanos, animales o flora.
Evolución optimizada en el laboratorio
Lejos de ser copias exactas de organismos existentes, cada uno de los 16 microorganismos funcionales presentó entre 67 y 392 mutaciones en comparación con su pariente natural más cercano. De hecho, 13 de estos virus contaban con variaciones genéticas totalmente ausentes en los registros biológicos conocidos. Destaca el caso de Evo-Φ2147, cuya distancia respecto a cualquier antecedente es tan amplia que podría catalogarse como una especie nueva bajo ciertos criterios taxonómicos.
No obstante, la biología impone sus propios límites. La investigación constató que el éxito de estos genomas radica en mantenerse dentro de rangos evolutivos viables. Por ello, más que crear vida desde cero sin referencia alguna, la herramienta actúa como un optimizador que explora combinaciones eficaces dentro del espacio genético conocido.
Una alternativa frente a la resistencia a los antibióticos
El fin primario de este desarrollo apunta directamente a la medicina moderna. Ante el incremento progresivo de bacterias resistentes a los fármacos habituales, la conocida como fagoterapia se posiciona como una de las vías de estudio más prometedoras. Diseñar virus a la carta para combatir infecciones concretas por E. coli C evita la necesidad de rastrear de forma exhaustiva microorganismos eficaces en el medio natural.

Respecto a la bioseguridad, las pruebas se ejecutaron sobre un bacteriófago básico de apenas 11 genes, seleccionado precisamente por sus reducidos riesgos. Las evaluaciones en materia de seguridad biológica indican que los modelos actuales plantean un nivel de preocupación bajo o moderado, si bien la evolución de algoritmos capaces de procesar genomas de mayor complejidad mantendrá en alerta a la comunidad científica.
