NoticiasActualidad · 09 de agosto de 2026

Kanye West hace historia en Madrid con un espectáculo de otro planeta. Literalmente

Kanye West, conocido como Ye, regresó a España tras dos décadas para un concierto inolvidable en Madrid.

Vía Wololo Sound · Rafael Ruiz

Kanye West hace historia en Madrid con un espectáculo de otro planeta. Literalmente

Ye volvió a España veinte años después de su última actuación para ofrecer ante más de 60.000 personas uno de los conciertos más espectaculares de nuestro país. El evento en el Riyadh Air Metropolitano de Madrid combinó sus mayores éxitos con una puesta en escena simplemente descomunal. La gigantesca estructura semiesférica y la transformación de esta en una Tierra flotante, fueron la clave de una noche memorable.

Veinte años. Ese es el tiempo que ha tenido que pasar para volver a ver a Kanye West, ahora conocido como Ye, actuando en España. El pasado jueves 30 de julio, el Riyadh Air Metropolitano de Madrid recibió a una de las figuras más influyentes, polémicas y difíciles de definir de la música contemporánea. Más de 60.000 personas se reunieron para asistir a un concierto que llevaba meses rodeado de incertidumbre y que, finalmente, terminó convirtiéndose en una de las grandes citas musicales del año.

La expectación ya era enorme antes de entrar al estadio. Buena parte del público había llegado desde fuera de España, con asistentes procedentes de numerosos países europeos, muchos de ellos después de que distintas fechas de la gira fueran canceladas. Las camisetas blancas de Ye (con un coste de 75€ en el merchandising oficial del evento) teñían las gradas mientras, en el centro del terreno de juego, una gigantesca estructura semiesférica esperaba a convertirse en el protagonista visual de la noche. Y, sin duda, lo fue.

Pasadas las 21:00 (algo tarde, como era de esperar), con todavía algo de luz sobre Madrid, un grave zumbido comenzó a inundar el Metropolitano. El humo empezó a salir alrededor de la estructura y, después de unos bastantes minutos de tensión, como si algo grande se estuviera acercando, Ye apareció en lo alto de la semiesfera completamente vestido de rojo. Sin grandes discursos ni una entrada convencional, solo él, la cúpula y más de 60.000 personas esperando el primer golpe musical.

Sonó 'KING' y comenzó el viaje. El arranque fue directo al repertorio más potente del artista. 'Father Stretch My Hands Pt. 1', 'Can’t Tell Me Nothing' y 'Niggas in Paris' hicieron que el estadio se viniera abajo prácticamente desde los primeros minutos. Especialmente llamativo fue comprobar que, pese a que el sonido no siempre fue perfecto y la ausencia de pantallas podía dificultar la visión desde algunas zonas, el público conocía cada canción de principio a fin, coreándolas al unísono.

Después llegarían 'Mercy', 'Praise God', 'Black Skinhead' y 'On Sight', entrando en una de las partes más físicas del concierto. Las bases industriales y los graves hicieron que el Metropolitano pareciera más una gigantesca pista de baile que un estadio de fútbol. Ye permanecía prácticamente solo sobre la estructura, mientras su reducido equipo de DJs y sintetizadores trabajaba escondido en un lateral del campo, dando apoyo a una experiencia sonora brutal.

Y entonces llegó uno de los grandes momentos de la noche: 'Power'. Un bucle de una vocal de la anterior canción hizo la transición perfecta al sonido que se repite en 'Power'. Fue aquí cuando la semiesfera comenzó a transformarse. La superficie gris se convirtió poco a poco en una gigantesca Tierra suspendida sobre el público, mientras Ye caminaba sobre ella. La imagen era espectacular y resumía perfectamente la propuesta del concierto: un artista completamente aislado del resto del escenario, situado literalmente sobre el mundo que acababa de construir a su alrededor. Una visión apocalíptica y grandiosa a partes iguales.

'Bound 2', seguida de 'Fade' y una emotiva 'Heartless', gracias a las luces de los teléfonos y sus linternas, dejaron una estela en las gradas muy bonita. Por primera vez, además, la esfera mostró imágenes en directo del propio Ye. Cámaras en distintas posiciones del estadio proyectaban en la bola al artista, algo especialmente agradecido en un recinto de estas dimensiones, permitiendo que incluso los más alejados pudieran ver de cerca al rapero.

Uno de los momentos más curiosos llegó con André Troutman, que apareció en uno de los laterales del escenario para aportar su característico talkbox en 'All The Love'. El concierto también jugó constantemente con la nostalgia y con algunas de las referencias que han acompañado la carrera de Ye, incluyendo una reinterpretación de 'Everybody' de los Backstreet Boys, demostrando su versatilidad e influencias musicales.

El repertorio continuó recorriendo buena parte de su carrera. 'Famous', 'Run This Town', 'American Boy', 'Jesus Walks' y 'Through the Wire' demostraron que estamos ante uno de esos artistas cuyo catálogo parece no tener fondo. Cuando sonaba una canción, el público respondía con otra generación de recuerdos y emociones compartidas, creando una atmósfera de comunión musical.

Y si había un tema capaz de demostrarlo, ese era 'Gold Digger'. Las gradas comenzaron a saltar mientras todo el estadio cantaba la canción de principio a fin, confirmando el impacto de Ye en la cultura popular y la vigencia de sus clásicos.

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