«Burning Man ha perdido su alma anarquista»
Vía Wololo Sound · Gorka Hernández

John Law, uno de los fundadores de Burning Man, ha cuestionado en qué se ha convertido el festival tras pasar por él después de 30 años: «ya no es lo que creamos» John Law llevaba treinta años sin pisar Black Rock Desert, pero sigue siendo una de las voces fundamentales para entender los orígenes de […]
John Law, uno de los fundadores de Burning Man, ha cuestionado en qué se ha convertido el festival tras pasar por él después de 30 años: «ya no es lo que creamos»
John Law llevaba treinta años sin pisar Black Rock Desert, pero sigue siendo una de las voces fundamentales para entender los orígenes de Burning Man . Coincidiendo con la edición de 2026, el cofundador ha publicado una dura reflexión sobre la evolución de un evento que nació como un experimento colectivo y que hoy mueve decenas de miles de personas, supone un impacto general de millones de dólares e involucra a buena parte de la élite tecnológica mundial.
Mientras decenas de miles de personas vuelven a levantar estos días Black Rock City en medio del desierto de Nevada, uno de los hombres que ayudó a convertir aquel lugar en un símbolo de la contracultura observa todo desde la distancia. John Law no asistía a Burning Man desde 1996, pero tres décadas después ha decidido volver a hablar del fenómeno en un artículo publicado en The San Francisco Standard . Su conclusión difícilmente podría ser más contundente: «Burning Man ha perdido su alma anarquista» .
Su crítica no parte de la idea de que Burning Man haya dejado de ser espectacular. Law reconoce que continúa siendo una experiencia extraordinaria para buena parte de quienes participan en ella. El problema, desde su punto de vista, es otro: aquello que hoy conocemos como Burning Man tiene cada vez menos que ver con el experimento colectivo, imprevisible y radicalmente participativo que él recuerda haber ayudado a construir.
Foto: Duncan Rawlinson
La esencia e historia de Burning Man
La historia comenzó mucho antes de que existieran campamentos gigantescos, art cars millonarios o vuelos privados aterrizando en el desierto. En 1986, Larry Harvey y Jerry James construyeron una figura humana de madera y la quemaron en Baker Beach, San Francisco. Cuatro años después, el encuentro terminó trasladándose al Black Rock Desert de Nevada de la mano del entorno de la Cacophony Society, el colectivo underground del que formaba parte Law. Al primer burn en el desierto acudieron menos de un centenar de personas.
Aquello estaba mucho más cerca de una expedición improvisada que de un festival. No había una experiencia previamente diseñada esperando al asistente ni una gran infraestructura encargada de entretenerlo. Los participantes construían las instalaciones, organizaban las acciones y daban forma al espacio que posteriormente iban a habitar. La separación tradicional entre artista y público prácticamente desaparecía : quien estaba allí formaba parte de lo que estaba sucediendo.
Ese principio continúa siendo central en el discurso oficial de Burning Man. De hecho, la propia organización define actualmente Black Rock City como una ciudad temporal creada por sus participantes, donde el arte, los campamentos, las performances y buena parte de las experiencias nacen de quienes acuden al desierto. Sin embargo, el choque aparece cuando esa filosofía se enfrenta a la dimensión que ha adquirido el evento .
Porque Burning Man creció, y lo hizo muy rápido . En 1996, último año en el que John Law participó, la población de Black Rock City alcanzaba ya unas 8.000 personas. Solo tres años después rondaba las 23.000. La pequeña reunión de aventureros, artistas y agitadores culturales estaba convirtiéndose en un fenómeno internacional.
Foto: Duncan Rawlinson
Cultura, principios y contradicciones
Aquí aparece una de las contradicciones más interesantes de toda esta historia. Law interpreta que la estructura, las jerarquías y el control que llegaron después como parte de la pérdida del espíritu original . La propia historia oficial de Burning Man explica esa transformación desde otro lugar: con miles de personas llegando al desierto, las decisiones informales y la organización improvisada dejaron de ser suficientes. En 1996 comenzó a formalizarse una estructura directiva capaz de gestionar una ciudad que crecía prácticamente cada año.
Es decir, aquello que para unos fue la profesionalización necesaria para que Burning Man pudiera sobrevivir, para Law representa precisamente el momento en el que empezó a dejar de ser Burning Man.
Incluso sus famosos 10 Principios llegaron mucho después de los primeros burns. Larry Harvey los escribió en 2004 para la recién creada red regional de Burning Man. La propia organización explica que no pretendían ser unas reglas fundacionales, sino poner por escrito una cultura que, según su versión, había aparecido orgánicamente durante los años anteriores . Inclusión radical, desmercantilización, autosuficiencia, expresión radical, esfuerzo comunal o participación forman desde entonces parte de la identidad oficial del movimiento.
Para Law, sin embargo, esa institucionalización también reconstruyó retrospectivamente la historia. El Burning Man que él recuerda no nació de un manifiesto filosófico perfectamente articulado. Nació de personas haciendo cosas, experimentando y creando sin saber exactamente en qué iba a convertirse aquello. Y entonces apareció Silicon Valley .
Foto: Duncan Rawlinson
El impacto de internet en Burning Man
El crecimiento de Burning Man coincidió prácticamente con la explosión de internet y con la construcción de la cultura tecnológica que definiría California durante las siguientes décadas. Con los años, Burning Man terminaría atrayendo a algunos de los nombres más poderosos de la industria tecnológica. Elon Musk, Mark Zuckerberg, Jeff Bezos, Sergey Brin, Larry Page o Sam Altman han pasado en algún momento por el desierto. Lo que durante los primeros años había sido territorio de artistas, punks, performers y buscadores de experiencias alternativas comenzó también a funcionar como lugar de peregrinación para empresarios, inversores y multimillonarios .
Ese cambio social es fundamental para entender la crítica de Law. No se trata únicamente de que Burning Man tenga ahora más asistentes o una producción mucho mayor.